Categoría: Bolivia

Comentarios viajeros de mi viaje a Bolivia, cruzando por Copacabana en Abril 2012

  • Abriendo puertas hacia el exito

    Esta toma es demas conocida por mis amigos en facebook, forma parte de mis imagenes, igual me gusta.

    Mi fotógrafa, mi mejor compañía, estuvo con la cámara lista en modo ráfaga. (Nikon D2x a 8tiros por segundo) Fue tomada en el salar de Uyuni en Bolivia.

    Olvídense de la composición fotográfica por un rato, lo que importo aquí fue el momento.

  • Infancia Aymara

    En mi corto viaje por Puno y Bolivia, tuve la suerte de fotografiar a estos niños, los primeros los encontré en la isla Taquile, en el lago Titicaca, en Puno, los siguientes los encontré en Desaguadero, frontera entre Bolivia y Perú. Me gusta su expresión de inocencia ante mi cámara. Espero les guste.

    Un par de niños jugando con sus aviones de papel, en la isla de Taquile, en Puno, Perú. El juego con el avión de papel fue interrumpido por mi toma
    Encontré estos niños bolivianos en Copacabana, frontera de Perú y Bolivia, mientras hacia mis gestiones migratorias para pasar de Peru a Bolivia, los niños estaban comiendo su papa y arroz.
  • De La Paz a Uyuni

    De La Paz a Uyuni

    De La Paz a Uyuni: el viaje más duro que hice, con mi Nikon D2x colgada al cuello

    Este viaje lo hice en abril de 2012, en una etapa en la que viajar con una DSLR pesada como la Nikon D2x era parte del ritual. No había drones, ni smartphones avanzados, ni prisas: solo el camino, el frío del altiplano y la expectativa de llegar a Uyuni.

    Hay viajes que se planean con entusiasmo y otros que se recuerdan con una mezcla de cansancio, frío… y gratitud. El trayecto de La Paz a Uyuni pertenece a ese segundo grupo. Fue, sin exagerar, uno de los viajes más duros que he hecho. Pero también fue el precio justo para llegar a uno de los paisajes más sobrecogedores que he visto en mi vida.

    Desde el inicio supe que no iba a ser fácil. Aun así, llevé conmigo mi Nikon D2x, casi como un recordatorio personal de por qué estaba ahí: no solo para llegar, sino para mirar, para registrar, para detener el tiempo cuando el paisaje lo mereciera.

    Un viaje sin historias no es un viaje

    Siempre he creído que un viaje sin anécdotas es un viaje incompleto. Y este trayecto tiene historias de sobra. Hubo momentos en los que pensé —medio en broma, medio en serio— que esta ruta podría calzar perfecto en un programa tipo Rutas Mortales. Pero sería injusto quedarme solo con lo extremo del camino. Uyuni no se define por lo difícil de llegar, sino por lo que te espera al final.

    La travesía nocturna

    El viaje de La Paz a Uyuni es de unos 280 kilómetros, pero la distancia engaña. Por la combinación de pista y trocha, curvas interminables y una infraestructura bastante básica, en el año 2012, el trayecto toma cerca de ocho horas. Los buses salen alrededor de las diez de la noche y llegan al amanecer.

    Había solo tres opciones de buses:

    la mala, la menos mala y la no tan mala.

    Elegimos la menos mala. Y menos mal. Kilómetros después, la no tan mala terminó volcada. Ver eso, incluso en fotos, te deja pensando en lo frágil que es todo cuando viajas por estas rutas del altiplano.

    El bus era sencillo, nada de asientos cama. En Perú los llamaríamos bus camión. En mi caso, el asiento ni siquiera reclinaba. Dormí —si es que se puede llamar dormir— casi erguido, abrazando la mochila donde llevaba mi cámara, como si fuera parte del equipaje más valioso.

    El frío, el silencio y la espera

    Viajé en abril, y el frío fue implacable. No fui lo suficientemente prevenido y lo pagué caro. El altiplano no perdona. El frío se mete en los huesos, reseca la piel y te mantiene despierto más de lo que quisieras. A ratos, el silencio del camino era tan profundo que solo se rompía con el traqueteo del bus sobre la trocha.

    Llegar a Uyuni

    Cuando el bus finalmente llegó, aún era temprano. El aire helado te recibe de golpe. En los alrededores, algunos lugareños ofrecen desayunos sencillos: pan con queso, café caliente, té. Después de una noche así, ese café sabe distinto, sabe a llegada.

    Uyuni es una ciudad pequeña, funcional, sin demasiados adornos. Tiene lo justo: tiendas para abastecerte, refrescos, galletas, y hasta un cajero automático. Todo lo necesario antes de salir rumbo al salar.


    Cómo llegar a Uyuni desde La Paz: distancia, duración y costos aproximados

    Desde La Paz hasta Uyuni hay unos 280–470 km de distancia en carretera, y en 2012 ese trayecto nocturno implicaba unas 8 – 10 horas de viaje por pistas y trochas que atraviesan el altiplano andino, con curvas, frío y una infraestructura básica que hace que la distancia se sienta aún mayor. 

    Hoy, la forma más común de llegar es en bus nocturno desde la terminal terrestre de La Paz, saliendo al anochecer (alrededor de las 21:00 – 22:00) y llegando a Uyuni al amanecer siguiente.  El costo del pasaje en bus varía bastante según la compañía y el nivel de comodidad, pero hoy en día los boletos **suelen ir desde unos $15 – $25 USD en buses más simples hasta aproximadamente $30 – $50 USD o más en servicios con mejores asientos o amenidades. 

    Ojo, este precio es una guía orientativa: reservar con antelación normalmente te ayuda a conseguir tarifas más bajas y más opciones de asiento. 

    Cuando todo cobra sentido

    Y entonces llega el momento. Sales de Uyuni y el paisaje empieza a abrirse. El horizonte se aplana. El cielo se vuelve inmenso. Ahí entendí por qué había traído mi Nikon D2x. Cada kilómetro, cada ruta perdida en la sal, cada reflejo del amanecer sobre el salar hacía que el cansancio desapareciera.

    El Salar de Uyuni no es solo blanco. Es textura, es silencio, es luz dura al mediodía y reflejos casi irreales en la mañana. Es uno de esos lugares donde disparas la cámara con calma, sabiendo que ninguna foto va a capturar del todo lo que estás viendo… pero igual lo intentas.

    Hoy, cuando reviso esas fotos —del salar, de las rutas infinitas, del paisaje desnudo— recuerdo el frío, la incomodidad del bus y el cansancio acumulado. Y aun así, pienso lo mismo cada vez: valió totalmente la pena.

    Si tuviera que hacerlo otra vez, lo haría. Tal vez mejor abrigado. Tal vez con un asiento que recline. Pero con la misma cámara y la misma disposición a dejar que el viaje también me sacuda un poco.