Nikon F60: la cámara analógica perfecta para empezar (mi experiencia real)

La Nikon F60 fue, para muchos —y me incluyo—, la primera puerta de entrada al mundo de la fotografía analógica. No era la cámara más cara ni la más robusta, pero sí una de las más honestas: sencilla, confiable y pensada para aprender sin miedo.

Hoy, en plena era digital, sigue siendo una opción interesante para quien quiere experimentar con película de 35 mm sin complicarse demasiado.

Mi historia con la Nikon F60

Recuerdo la primera vez que sostuve una Nikon F60. La compré a finales de los 2000 como una cámara “antigua”, pero prácticamente nueva, a un amigo muy cercano —Solis— que ya no está con nosotros. Esa cámara me acompañó en vacaciones familiares, caminatas fotográficas por el centro de Lima y salidas improvisadas donde lo único importante era observar la luz.

Con la F60 aprendí algo fundamental: la fotografía analógica no se trata solo de disparar, sino de esperar, pensar y confiar en lo que sabes hacer. Cada rollo importaba.

Una cámara pensada para aprender

Lanzada en 1998, la Nikon F60 fue diseñada para fotógrafos aficionados y estudiantes que querían dar el salto a una réflex sin sentirse abrumados. Nikon logró un equilibrio interesante: automatismos suficientes para empezar y controles manuales para crecer.

En su momento, fue una cámara muy popular en academias y talleres porque permitía entender conceptos clave como exposición, enfoque y composición sin pelearse con la tecnología.

Cómo se siente usarla hoy

Más allá de la ficha técnica, lo que siempre destaqué de la F60 fue su ergonomía ligera. Era una cámara cómoda para largas caminatas, algo que agradecí mucho recorriendo Lima con la cámara colgada al cuello.

El autofoco, aunque básico comparado con modelos profesionales, cumplía bien su función. Los modos automáticos ayudaban cuando no querías pensar demasiado, y el modo manual estaba ahí cuando querías aprender de verdad.

Incluso su pantalla LCD —simple y directa— mostraba justo lo necesario, sin distracciones.

¿Quién debería usar una Nikon F60 hoy?

La Nikon F60 no fue una cámara profesional, y nunca pretendió serlo. Pero fue —y sigue siendo— ideal para:

  • Personas que quieren empezar en fotografía analógica
  • Estudiantes que buscan una réflex sencilla
  • Fotógrafos digitales curiosos por la película
  • Coleccionistas que valoran cámaras funcionales, no solo decorativas

En mi caso, fue la cámara que me enseñó a mirar antes de disparar.

¿Qué batería usa la Nikon F60?

La Nikon F60 funciona con dos baterías CR123A (3V), que alimentan el autofoco, el motor de arrastre, el exposímetro y el flash incorporado.

Si usas el modelo F60D, necesitarás además una CR2025 para el reloj interno que imprime fecha en las fotos.

Por qué sigue siendo especial en 2026

En un mundo dominado por pantallas y disparos ilimitados, la Nikon F60 sigue teniendo sentido porque obliga a bajar el ritmo. Su precio accesible en el mercado de segunda mano la convierte en una opción real para quien quiere vivir la experiencia analógica sin grandes inversiones.

No es solo una cámara: es una forma distinta de hacer fotografía. Y para mi, eso es lo importante.

Otras cámaras que marcaron mi forma de fotografiar

Después de la Nikon F60, mi curiosidad por la fotografía me llevó a explorar otras cámaras que, cada una a su manera, terminaron influyendo en cómo miro y registro el mundo.

Con el tiempo pasé a cámaras digitales como la Nikon D200, donde descubrí el carácter de los sensores CCD, y más adelante a la Nikon D2X, una DSLR profesional que me mostró lo que significaba trabajar con un equipo pensado para resistirlo todo. En el terreno analógico, la Olympus XA2 fue otra experiencia distinta: compacta, silenciosa y perfecta para fotografía más discreta y callejera.

Todas son cámaras muy diferentes, pero todas comparten algo: te obligan a pensar antes de disparar.